Echoes
Desde la breve (pero intensa) reunión de Pink Floyd en el Live8 el pasado mes de julio, las dos cabezas destacadas del grupo han estado muy activas. Han salido al paso desmintiendo los rumores que les unían nuevamente en forma de disco o gira juntos al frente de los Floyd y han seguido caminos distintos.

La verdad es que ver a dos enemigos tan irreconciliables abrazados en un escenario tras 24 años sin hacerlo juntos fue emocionante.

Roger Waters publicó la ópera Cà Ira, que ya se ha representado varias veces y se embarcará a finales de mayo en una gira en la que tocará en su totalidad la Obra Maestra floydiana The Dark Side of The Moon por primera vez en muchos años. La reinvención de Pink Floyd con solamente Gilmour al frente ya lo hizo en la última gira en 1994 y quedó reflejado en el disco en directo PULSE. Dios mediante, como en los toros, iré a verle al Anfiteatro de Verona a principios de junio.

Pensándolo bien, Waters puede que sea uno de los pocos Nombres (con mayúscula) que me queda por ver en directo, además de los Who (esperamos julio en Zaragoza ansiosos) y Bruce Springsteen (que tampoco me apasiona demasiado).
Mientras, David Gilmour ha publicado un disco nuevo en solitario, On an Island, y también se ha ido de gira. Empezó en marzo por escenarios europeos y y ahora mismo está en Estados Unidos. Le acompaña un grupo importante, Phil Manzanera (ex-Roxy Music) con guitarras, Guy Pratt al bajo, Jon Carin a los teclados y Steve DiStanislao con la batería además de algún viejo amigo de la época floydiana: Dick Parry con saxos (aparece en el disco The Dark Side... y estuvo en la gira de 1994) y (más floydiano incluso) Rick Wright a los teclados. Parece una división al 50% porque para los conciertos de París en los que se va a celebrar el centenario del Gran Premio de Francia en el circuito de Magny Cours, Waters ha anunciado a Nick Mason, el batería de los Floyd.

En la primera parte de los conciertos, David está interpretando en su totalidad On an Island y tras un breve descanso ataca viejos temas de Pink Floyd, entre ellos algunas sorpresas inimaginables antes de empezar la gira. Por ejemplo, Dominoes (una canción de Syd Barrett), Fat Old Sun, pero entre todas las canciones, la gran sorpresa para mí y me lamento de no haber ido a verle en directo, es que toca Echoes. La epopeya de 23 minutos del disco de 1971, Meddle.
La portada de este disco es un sencillo, pero atractivo juego visual, a simple vista parece una foto abstracta con unos círculos...

pero si se despliega la carpeta y se gira 90 grados se nos revela la verdadera fotografía. La "visualización del sonido", un plano cercano de una oreja y la representación de unas ondas sobre ella.
Echoes es una obra para escucharla pausadamente, sin prisas de radiofórmulas, sin la publicidad taladrando las canciones, con olas de intensidad, con sus idas y venidas, con su ritmo agobiante, con la atmósfera opresiva, con la gota cayendo con esa frecuencia de latido de corazón, con los susurros de la letra, sentimientos hechos música...
Hoy en día no tenemos la paciencia suficiente para valorar una obra así, vivimos demasiado estresados, devoramos canciones directas, tres minutos y medio y nos cansa, si no suena en la radio no eres nadie, si no se puede bailar (o incluso remezclar) no tienes éxito, canciones carne de MTV.
Falta ese punto de imaginación y de talento para desarrollar una obra larga si tiene que ser larga. Nadie hace un Echoes, Thick as a Brick, Telegraph Road, Fool's Overture o un Supper's Ready hoy en día. ¿Que dura 10, 15 o 23 minutos? No importa, lo que realmente importa es lo que nos hacen sentir esos minutos de música.
Echoes es Pink Floyd experimentando.
Pink Floyd tocando en las ruinas de Pompeya.
Eso si que es un eco.


ricardo dijo
grandisima reflexion, lastima que la gente no tenga la capacidad de escuchar y entender estas maravillas y se vayan a lo mas superfluo
7 Abril 2006 | 01:02 PM