Private Investigations
Ayer me compré la edición limitada del recopilatorio que acaba de salir de Dire Straits y Mark Knopfler Private Investigations. La verdad es que el disco solamente tiene un tema nuevo (con Emmylou Harris), el resto son grandes éxitos (remasterizados, eso sí) pero canciones que cualquiera puede tener de discos anteriores. Es una recopilación extraña porque realmente Knopfler ha querido seguir un rumbo un poco distinto a su época con los Straits, un poco más intimista, tirando guiños al country… pero no se puede olvidar que todas las canciones de Dire Straits estaban firmadas por él.
El disco está disponible en tres versiones, un disco, un disco doble y un disco doble en caja de cartón con un libro de 48 páginas en las que un periodista, Timothy Ferris, hace un repaso de la trayectoria de Mark Knopfler que a continuación os pongo:
“The Best Of Dire Straits & Mark Knopfler – Private Investigations”
por Timothy Ferris
Los críticos musicales – con los cuales simpatizo, pues he sido uno de ellos – se han sentido más que presionados para dar cuenta de la tremenda y duradera popularidad de Mark Knopfler y su original banda, Dire Straits.
De haber una exposición conmemorando las grandes bandas de rock Británicas, la mayoría de ellas exhibirían una personalidad instantáneamente reconocible – los boyantes Beatles, los presumidos Stones – pero Dire Straits surgieron sin una identidad clara y nunca llegaron a adquirir ninguna. El Newsweek dijo hace veinte años que “su éxito comercial… era la sorpresa más grande del año en la escena del rock”, y la confusión general se hizo aún más patente cuando llegaron a vender más de cien millones de discos. Desde entonces, Knopfler se ha labrado una envidiable carrera en solitario, logrando éxitos palpables en géneros que van desde el rock ó el folk a la música country, aunque aún sigue siendo relativamente anónimo, considerando que unos diez millones de personas le han visto actuar en directo. Sospecho que hay incluso algunos fans familiarizados con todos y cada uno de los roqueros británicos pero que podrían cruzarse con Mark por la calle y no reconocerle.
Parte de la explicación puede ser que Knopfler prefiere que esto sea así. Tal vez porque entró en el juego bastante tarde, pues firmó su primer contrato de grabación a la edad de 27 años, parece haberse dado cuenta que todo personaje del rock representa una trampa potencial. Cuanto más llegan a identificarte tus fans con un personaje en particular, más quieren que seas como ese personaje, haciendo que sea muy difícil expresar otros aspectos de tu propia creatividad. Puede que seas capaz de cambiar a ese personaje, como lo han hecho en repetidas ocasiones David Bowie y Bob Dylan, pero esa transformación puede ser tan poco placentera como un transplante de hígado: los ejecutivos de las discográficas se enfadarán, los fans te abuchearán y los críticos te llamarán “camaleón”).
En cualquier concierto en el que los Dire Straits no estuvieron brillantes, valientes, enfadados ó tristes, los fans se sintieron decepcionados. Su primer éxito, "Sultans of Swing," decía mucho, era un homenaje a una banda de jazz pasada de moda cuyo guitarrista “se conoce todos los acordes” pero todo es para él “estrictamente ritmo, no quiere hacer llorar ni cantar”. Ni que decir tiene que Knopfler sí que puede hacernos llorar o cantar, pero tiene el control y la templanza en muy alta estima y parece que tiene aún mucho guardado.

La exquisita reserva de Knopfler se traduce en canciones que parece que se quedan a medio camino pero que no muy a menudo saltan a tu regazo y te llegan a lamer la cara. “Sultans” fue toda una seducción inmediata, pero muchos de sus éxitos posteriores son demasiado sutiles para captar necesariamente la atención en una primera escucha. Llegar a ellas no es como quedar con alguien en una primera y tórrida cita, es más algo así como conocer a la persona con la que te vas a casar, una persona que tal vez no te cause una buena impresión en la primera cita, sino que sean necesarias una segunda o tercera citas.
Puedo ilustrar este punto a través de una confesión personal algo embarazosa. Cuando me compré Brothers in Arms – el día que salió, si la memoria no me falla – y lo escuché incensantemente durante días, me gustaron todas las canciones excepto la última. He estado inmerso en la música desde la infancia, he sido guitarrista amateur además de editor de Rolling Stone, y aunque sabía un poco de rock, no pude meterme de lleno en “Brothers in Arms.” Sonaba menos a la última canción de un gran álbum que a la primera canción del siguiente, algo así como un espejismo desenfocado que no acababa de enfocarse. Pero ya que era, después de todo, la canción que le daba título al álbum, me imaginé que tenía que tener algo, de modo que me senté y la escuché varias veces. Por fin me quedó claro que evidentemente era una obra maestra – una pieza intemporal de madurez compositiva, engrandecida por una guitarra tan ardiente que cuando la banda estaba de gira uno podía ser testigo de un espectáculo único, en el que diez mil personas cantaban al unísono con las notas de los solos de Mark.

Muchas estrellas del rock son mejores músicos de lo que aparentan, pero el rock es un juego peligroso, su energía es difícil de mantener y fácil de perder en el clamor de un estadio ó en la antiséptica quietud de un estudio de grabación. He visto a algunas de las estrellas más grandes del rock llegar casi a las lágrimas cuando fallaban una docenas de tomas en el estudio, o quedarse atemorizados y empezar a temblar por la idea de comenzar una gira cuando después de semanas de ensayos, no podían todavía desplegar las alas y echar a volar.
Knopfler, sin embargo, tiene una robusta habilidad para mantener su estándar musical muy alto a pesar de todos estos avatares. “Me encanta ensayar, me encanta grabar y me encanta tocar en directo”, dice. “Soy afortunado en este sentido, pues me siento como en casa haciendo todo esto”. Un perfeccionista de estudio que puede bromear sobre el sonido ideal de una canción sin perder su vitalidad, es además un gran artista en directo que puede aguantar un concierto entero sin sacrificar su espontaneidad.
El Rock es adolescente en sus raíces y muchos compositores de rock tienen problemas al verse confinados tras los horizontes limitados de las emociones de la juventud, de las cuales sacaron su inspiración original.
Aquellos que han sobrepasado estas limitaciones, escribiendo canciones fuertes durante sus largas carreras, a menudo se las han arreglado haciendo lo que hacen muchos periodistas – interesarse por otra gente, absorber sus historias y utilizar su oído musical para contestarles. Knopfler – que ha sido, entre otras cosas, periodista – emplea esta técnica además de muchas otras. El clásico ejemplo es “Money for Nothing,” con su oído para el diálogo (“That ain't workin’, that's the way you do it / Lemme tell ya, them guys ain't dumb”) y su confianza en el poder de lo que Lou Reed (en un cuestionario de una revista al pedirle que mencionara algo “mejor que el sexo”) llamó “hechos puros y duros” (Antes de que la canción saliera, ¿Cuánta gente sabía que había un puesto de trabajo dedicado al reparto de las costumbres de cocina”? “Mis canciones están basadas en la vida real, en lo que leo, oigo o veo,” dice Knopfler. Los resultados incluyen retazos de vívidas experiencias personales como “The Trawlerman’s Song” y “Why Aye Man,” y variados trabajos históricos como “Sailing To Philadelphia,” un retrato del astrónomo Charles Mason y del inspector Jeremiah Dixon que nos presenta el pasado como si estuviera vivo, y su espectacular excursión al mundo de la economía en la sabia “Boom, Like That.”

Knopfler es, como dijo Bob Dylan de Tom Petty, “un caballero de verdad,” tan poco atractivo como los personajes de las clases trabajadoras que adornan sus canciones.
Puede ser tan alegremente auto desaprobador como su a veces colaborador y guitarrista legendario, Chet Atkins, quien dijo una vez, "Yo solía pensar que era un músico muy bueno [pero] con el tiempo descubrí algo mucho mejor, era demasiado rico para preocuparme." Al preguntarle sobre sus duetos con Atkins en su sabroso álbum de 1990, Neck and Neck, Knopfler dijo amistosamente, “La mitad de las cosas que Chet sabe tocar, yo nunca podría tocarlas. Pero eso está bien."
Su falta de arrogante ego puede haber confundido a los críticos desde hace décadas, pero le ha sido muy positiva con los años, haciendo incluso que sus canciones más personales como “Darling Pretty” y “So Far Away,” parezcan más enraizadas en tus propias emociones que en las suyas.
Lo que tenemos aquí es, entonces, un compendio del trabajo de un artista y un caballero cuya tranquila insistencia en la calidad le ha mantenido siempre en forma. Casi no puede llamarse retrospectiva, ya que Knopfler continua escribiendo y tocando con la misma originalidad de siempre, conectando con nuevos fans y con los veteranos al mismo tiempo. Hace poco llevé a mi hijo de 17 años, Patrick, que toca la guitarra, a ver su primer concierto de Knopfler. Lo escuchó con la arrebatada concentración de un joven físico en un seminario de Stephen Hawking, luego cuando salíamos dijo que se había sentido como las grandes estrellas de la guitarra sentados en la primera fila del primer concierto de Jimi Hendrix en Londres. Pero no es necesario que te fíes de mi palabra: Pon el disco, deja que lo escuche alguien que nunca haya escuchado a Dire Straits ó a Mark Knopfler – si es que puedes encontrar a alguien – y déjale adivinar qué canciones se han grabado hace poco y cuáles hace décadas. Será un desafío, pero podría ser divertido. Y de todas formas, el disco es divertido.

Algunas de las fotos de este post pertenecen a la magnífica web de Spanish City, la lista de correo en español de fans de Dire Straits/Mark Knopfler.


b.n.-b.c big negro big cock dijo
Notable articulo,gran musico, probablemente mejor persona , pero el disco reseñado supra, mas de lo mismo , greatest hits no ya solo de el en solitario sino tambien con el grupo, un tanto descarado producto de las majors para seguir engrosando sus cada vez mas magras cuentas de beneficios,gabba gabba hey. Ese poster de zaragoza , me suena mucho no se donde lo he visto antes...Para cuando algo de punk por aki, luxemburo ese si que es punk
25 Noviembre 2005 | 01:14 AM